Los métodos represivos del Partido Justicialista Aunque formen parte del mismo espacio partidario, pocos se atreverían a decir que compartan el mismo proyecto político. Pero así es la lógica de construcción del Partido Justicialista, muy difícil de entender para todo aquel que no haya nacido en estas tierras. En la actualidad, sus responsabilidades de gobierno, tan distantes, pueden convertirse en una explicación verosímil para entender la imposibilidad de asimilar sus prácticas políticas. Uno, en la primera magistratura de la nación, otro, intendente vitalicio del conurbano. Ambos, intendentes cuando recién comenzaba la “infame” década de los ’90. Por caminos diferentes, con algunos antecedentes comunes, el destino los unió el mismo día en que 18 empleados municipales fueron ferozmente reprimidos en Río Gallegos. | |
El día en el que Néstor Kirchner decidió desplazar al gobernador Carlos Sancho, fue un día de furia en Río Gallegos. Cuando intentaban concentrarse frente a la municipalidad, para luego dirigirse a la gobernación, los trabajadores municipales de la capital de Santa Cruz fueron victimas de una feroz represión por parte de Infantería de la policía de la provincia. La misma culminó con 18 trabajadores heridos, varios de ellos de gravedad. El presidente siguió al detalle cada uno de los hechos de ese día, postergando la agenda prevista para esa mañana del 9 de mayo. Un encuentro con Raúl Othacehé estaba entre las actividades con las que debía cumplir. Merlo: barras bravas vs. asambleistas Raúl Othacehé ocupa un lugar indiscutible en cualquier lista que contenga a los llamados “intendentes mafiosos” del Conurbano Bonaerense. Llegó a la intendencia del partido Bonaerense de Merlo en 1991 —municipio nada despreciable en términos electorales ya que cuenta con 500.000 habitantes—, año en el que el actual presidente asumía la gobernación de Santa Cruz miles de kilómetros más al sur. Reelegido en 1995, 1999 y 2003, sólo se movió de ese puesto, por medio de una licencia, para acompañar como ministro de gobierno a Carlos Ruckauf cuando asumió en 1999 como gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Colaborador durante la dictadura de la Fuerza Aérea Argentina —que cuenta con una base en su distrito— y de los intendentes de facto tanto de Merlo, como del distrito vecino de Moreno, luego de ser elegido intendente, se rodeo de varios de sus ex compañeros de entonces. Entre ellos, los organismos de DDHH de la zona, quienes denunciaron a Othacehé en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), indicaron al militar José Moreno, quién habría trabajado en la privada del genocida Jorge Rafael Videla. Denuncias de asesinatos y persecuciones a opositores políticos, aprietes a militantes con complicidad policial y política, destrucción de comedores populares de organizaciones sociales independientes de la municipalidad, e intimidaciones y golpes a periodistas, son apenas algunos de los antecedentes que podrían ilustrar el largo prontuario de este ex militante de la derecha peronista en los ‘70. Alrededor de mil asambleístas que se concentraron el viernes 1 de marzo del año 2002 en la plaza de Merlo para repudiar las agresiones sufridas la semana anterior por las asambleas de Padua, Parque San Martín y Merlo, es probable que se hayan enterado del prontuario de Othacehé durante los días previos. El viernes 22 de febrero a la noche, las asambleas que se realizaban en Merlo se juntaron, y convocaron a un cacerolazo frente a la Municipalidad para reclamar por la mala calidad del agua que proveía Aguas del Gran Buenos Aires (AGBA). Cuando marchaban fueron encerrados y atacados con palos, piedras y tiros por numerosas personas que los superaban en número. Muchos de los manifestantes quedaron con heridas de gravedad y tuvieron que ser atendidos en el hospital de General Rodriguez, debido a que en Merlo les negaron la atención. Varios de los testigos identificaron a los agresores como punteros del Partido Justicialista y “barrabravas” que responden a Raúl Othacehé, del club de fútbol de Primera “C” Argentinos de Merlo. En una nota publicada el 10 de marzo de ese año, el hoy diputado kirchnerista Miguel Bonasso, describía así lo sucedido en el “feudo” de Othacehé. “En la noche del mismo 22 vecinos de Merlo salieron a la avenida principal (la del Libertador), para protestar por el servicio de agua contaminada que les brinda el municipio conducido por el ‘Vasco’ Raúl Othacehé, ex secretario de Gobierno de Carlos Ruckauf y prospecto, según algunos, de ministro del Interior de la Nación. Mientras coreaban consignas y golpeaban las cacerolas, los más avisados descubrieron que estaba ocurriendo algo raro: no se veían policías por ningún lado. Pronto comprendieron el porqué de la ‘zona liberada’: a dos cuadras de la plaza principal, ‘buchones’ infiltrados en las columnas se abrieron a toda velocidad y unos 150 matones que aguardaban esa señal se abalanzaron sobre los vecinos para golpearlos con singular bestialidad. Igual que en Ituzaingó, los pesados venían en un camión y dos micros. Uno de ellos perteneciente a la oficialista Unidad Básica Número 2. Mientras muchos vecinos –entre ellos no pocos comerciantes– auxiliaban a los manifestantes y llevaban más de veinte heridos al hospital de General Rodríguez, llegó la policía y, amablemente, les pidió a los patoteros que se calmaran. Los ‘muchachos’ se relajaron y se alejaron dando vivas ‘al vasco Othacehé’ y cantando la marcha peronista.” Río Gallegos: mismos métodos, mismas víctimas Dos meses después, en Santa Cruz, el destino de los asambleístas de Río Gallegos no sería muy diferente al sufrido por los del conurbano. El 26 de abril del 2002 una patota encabezada por el empresario de Medios —ver en esta edición “Medios de Comunicación en la Provincia del Presidente”— y parte del círculo más íntimo de Néstor Kirchner, Rudy Fernándo Ulloa, reprimió un cacerolazo por orden expresa del gobernador de entonces, dejando heridos 8 manifestantes. 
Como sucedió en varios puntos del país, las cacerolas empezaron a sonar en Río Gallegos en enero del 2002. En esta ciudad de la patagonia argentina el motivo convocante fue el recorte de las asignaciones familiares de los salarios superiores a $1500 decidido por el gobernador Néstor Kirchner. Según una confesión firmada ante un juez por un tal Mario Oyarzo, quién varios medios de prensa ligaron a Raúl Copetti, tesorero del Frente Para la Victoria de Santa Cruz y hoy en el Instituto Provincial de Seguro, los agresores se reunieron y esperaron a los manifestantes en FM Estación del Carmen, propiedad de Rudy Ulloa. La siguiente es la transcripción textual de la declaración publicada por la revista digital Edición i: “Que la gente del cacerolazo estaba manifestándose frente al Complejo en ese momento, a pocas cuadras de la radio, mientras tanto en dicha radio se estaban haciendo los preparativos para recibir a los mismos; que el Sr. José Luis Gómez cortaba con sierras barras de hierro que introducía en mangueras y distribuía a los militantes y restos de funcionarios, juntamente con Mario Vidal, Jorge Ferreira, Juan Carlos Hass, Cristina Mirol, el propio director de la radio Pedro Díaz, Hugo Marín, Pablo Enrique Noguera, Pablo Grasso, Rudy Ulloa y Miriam Aguiar, entre otros, también en una de las oficinas de la mencionada emisora habrían cajones de bidones con nafta, y en el patio seguían entregándose palos, fierros, mangueras, todo lo que sirviera para una gresca y en el garaje que da sobre calle Errázuris había cajones de madera con bombas caseras en molotov”. Quién confirma esta versión es el periodista Jorge Lanata, en una nota publicada por el diario Perfil el pasado 29 de abril, luego del viaje de éste a Río Gallegos para seguir de cerca el conflicto docente. “‘¿Quiénes se creen que son? ¡Hay que correr a los caceroleros! ¡Vamos a ir a la casa de cada uno!”, decía en 2002, exaltado, el entonces gobernador Kirchner, en el Comando del Frente para la Victoria. ¿Cómo puede ser que los compañeros se queden callados y permitan ese tipo de cosas? (insistió el gobernador en el acto de referencia). Hay que salir a defenderse, no podemos permitir que nos agredan más, ni la Municipalidad ni ninguna estructura que corresponda a nosotros. ¡Somos muchos! ¡Salgamos a la calle y se terminó!’ El discurso K, emitido entonces por FM abril, hoy forma parte de las reliquias del verdadero K que atesora el periodista Héctor Barabino. ‘Volvamos a tener la dignidad y el orgullo de ser militantes del Frente para la Victoria (siguió K) ¿Cómo puede ser que vengan estos cien con las cacerolas? ¡Vamos a Correrlos! ¿Qué se creen que somos nosotros? Si ellos son cien, nosotros seremos dos mil, o tres mil’ ” Transcurrida la mañana del 9 de mayo, Kirchner ya había decidido el desplazamiento del gobernador de Santa Cruz Carlos Sancho. Luego de esperar dos horas, privilegio que es probable sólo tenga Néstor Kirchner cuando del “vasco” Othacehé se trata, el intendente de Merlo pudo conversar, una vez más, cara a cara con el Presidente de la Nación. Ningún medio de prensa informó si los métodos represivos para controlar el conflicto social estuvieron entre los puntos tratados en el encuentro. |