Agencia Nodo Sur
Martes, 06 de Enero de 2009
Principal arrow Secciones arrow Medios de Comunicación arrow Una interpretación de un caso mediático: Nina Peloso en Bailando por un sueño

Una interpretación de un caso mediático: Nina Peloso en Bailando por un sueño PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Mercedes Moglia (Becaria en el Conicet)   
martes, 05 de junio de 2007

 La reorganización visual de la política en la esfera televisiva

“Más allá de todo lo social, que es impresionante, ¿bailás Nina?”, fue la pregunta con la que Marcelo Tinelli interrogó a Nina Peloso el primer día que debutó bailando una salsa junto a su soñador en Bailando por un sueño. La capacidad de baile quedó así por sobre cualquier otra característica que pudiera definir a Nina Peloso. En el mismo sentido, los carteles de “aguante Nina” y el cantito de la hinchada “te queremos Nina, te queremos”, completaron la presentación de la líder piquetera en televisión.

 Image
Los ritmos musicales, parecen ser la única variación en la presentación de los bailarines famosos y soñadores del público en el programa de Tinelli. Pero las diferencias rítmicas se ven anuladas por la interpretación de coreografías que privilegian casi una única expresión del baile: lo erótico, aunque más bien habría que atribuirles el adjetivo de “franeleo”, hasta incluso de baile pornográfico.
 
Image

En conjunto, el vestuario de los participantes y el seguimiento que las cámaras hacen del baile subrayan la lectura en el mismo sentido. De ninguna manera nos estamos haciendo eco de un discurso moralista que pudiera sonar anacrónico, sabemos bien que la pornografía como género existe hace mucho tiempo, lo que nos interesa señalar es que una vez que la pornografía se presenta en sociedad –o sea que es socialmente permitida, cuando antes fue censurada – ejerce una presión sobre las costumbres, las expectativas y sobre otros géneros mediáticos. De aquí que consideremos que ciertos imaginarios pornográficos definen, junto con el humor, el tono general de la programación televisiva actual. Es decir, tanto el humor como la pornografía condensan un mensaje de felicidad compartida, y si esta atmósfera de felicidad es la que la televisión reproduce entonces todos tenemos garantizado el acceso.

Todo esto no es sino una manera de señalar algo evidente: la operación de estereotipificación televisiva. En primer término, en la representación de los cuerpos, devenido en mercancía carnal, sustentado en su apariencia por los códigos del destape; en segundo lugar, de la danza limitada a una única expresión dominada por una sensualidad eufórica, exagerada, histérica. Por último, la peligrosa representación estereotipada de las necesidades sociales, donde la causa profunda del problema que genera aquella necesidad (o habría que decir ¿derecho?) se disuelve en el clip de presentación del sueño compuesto por imágenes que producen sólo deslumbramiento por el esfuerzo solidario, del chico de barrio que baila para que se reabra el comedor infantil, pero sin promover ninguna comprensión profunda sobre el fenómeno. Toda una situación de injusticia social que habría que denunciar queda disuelta en el gesto solidario de uno solo.

Señalar esta operación de estereotipia televisiva nos pone en perspectiva de realizar un análisis de la participación de Nina Peloso en Bailando por un sueño, no en el afán de participar de la polémica que los mismos medios prevén (Tinelli dice: - Todos van a hablar de esto), sino hacer una lectura interpretativa que la articule con las tendencias de los códigos del espectáculo televisivo que además de estereotipar, estigmatizan y descontextualizan.

La estigmatización funciona, en el discurso de Tinelli, como condimento del espectáculo y, en este sentido, como punto imprescindible de rating. Es decir, cuando Nina Peloso es presentada como una líder social, como una líder piquetera, una mujer combativa, lo que se está haciendo es señalar la trayectoria política como un rasgo de excentricidad. Enunciativamente esa excentricidad se subraya y, por medio del mismo mecanismo se la incorpora al espectáculo. Con el mismo tono gritón de presentador cirquero que anuncia a la “mujer barbuda”, Tinelli espectaculariza y de esa manera banaliza y degrada, el espacio político que originalmente definió la popularidad de Nina Peloso.

Image

Sin embargo, cuando ella aparece portando una pancarta con inscripciones como “Fuentealba Presente”, “Apoyemos la lucha docente, trabajadores de todo el país” encima de las ropas especialmente diseñadas para bailar, pareciera que por un instante la demanda política ganara visibilidad en el show. Rápidamente, la pancarta es retirada porque es claro que es ella la protagonista y no la consigna política que se banaliza para que el show pueda continuar, sin conflictos, sin reclamos, como le gusta a la televisión. En este sentido, sería posible pensar que las pancartas llevadas por Nina Peloso pasan a ocupar un lamentable rol de “chivo político” que, si bien son inseparable de un gesto políticamente correcto, no son más que eso, un gesto en el medio de todos los otros gestos de sometimiento a los códigos del show televisivo, que venimos subrayando. No pueden imaginarse resultados políticos que justifiquen ese servilismo por parte de una organización piquetera que, de esta manera, pone en riesgo su propia lógica de acción disruptiva. En la participación de Nina no hay disrupción que nos permita otra lectura distinta a la aquí desplegada.

Las pancartas que lleva Nina Peloso, si bien fueron vistas por millones de televidentes, carecen de impacto político porque – lo mismo que el sueño solidario de su compañero de baile, Facundo Mazei – su aparición televisiva es simultáneo a su aislamiento de factores sociales y políticos. La participación de una líder social en Bailando por un sueño es una estrategia que responde a la ficcionalización de la participación social, es decir, una televisión democrática, abierta a todos los que quieran participar. En esta supuesta apertura el show televisivo muestra de todo un poco y todo mezclado, gente común, con gente famosa; gente linda y gente fea; talentosos ya consagrados y principiantes, o apenas soñadores. No importa lo que muestre, una vez que todos son puestos en el mismo escenario, casi por arte de magia (¿Será esa la magia de la televisión?) las diferencias se neutralizan y el show puede continuar. Esta apertura cordial de la televisión, por medio de un conductor que bromea y que se atreve a mostrar de todo, sugiere la ausencia de conflicto social: los sueños son sueños y no necesidades, la posibilidad de concretarlos es parte de un juego y no de un proyecto político de lucha.

Un riesgo: el efecto despolitizador

Estereotipificación, estigmatización y descontextualización. Estas tres operaciones funcionan al unísono. Por más que la tribuna de Tinelli esté repleta de miembros de organizaciones sociales y populares cuya modalidad de acción política y reclamo ha sido el corte de ruta, no están ahí en tanto tales sino en apoyo, como hinchada de Nina Peloso que, operación de estereotipia mediante, pasa a representar a todos los piqueteros. De esta manera, toda una organización que se nucleó a partir de principios políticos es capturada, representada y puesta en escena cumpliendo punto por punto con la estética del mercado.

El contexto del estudio los amiga con el show televisivo. Ya no son las rutas su escenario y, en este giro no son ocupantes del estudio de televisión y de las cámaras como lo fueron en un principio en las rutas y puentes, sino que son incluidos escenográficamente. La televisión admite una inclusión que es en definitiva, el sometimiento a sus códigos de visibilidad. Mientras en la realidad la diferencia entre el que tiene el micrófono y el sujeto común que participa sigue intacta y, en el caso de la organización piquetera de Castells con un riesgo extra, la posibilidad de que eso desprestigie su práctica política. El problema de la reorganización visual de la política, nos obliga a pensar intervenciones en la esfera televisiva, por eso reconocer las reglas de juego del negocio televisivo resulta imprescindible para operar en sus intersticios de manera alternativa. Como se desprende de lo aquí analizado, fuera de cualquier buena intención que pudiera haber alentado la participación de Nina Peloso en Bailando por un sueño, queda claro que no pudo sustraerse a las condiciones impuestas por el show.
 
Image 
 
< Anterior   Siguiente >

©2007 - ANS - Agencia Nodo Sur - Desarrollado por HostBA