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Miércoles, 03 de Diciembre de 2008
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Seis años de la Revista Sudestada PDF Imprimir E-Mail
jueves, 26 de julio de 2007

Periodismo sin escritorios

“No sabíamos cómo diagramar, se aprendió a los ponchazos, no teníamos idea de cómo era el tema de la imprenta, cantidad de pliegos, cosas que hoy nos resultan muy familiares”. De esta manera los redactores e ideólogos de la revista Sudestada recuerdan los inicios de la publicación, allá por agosto del 2001. Seis años despues cuentan con un piso de ventas de cinco mil ejemplares y un prestigio ganado, diría Roberto Arlt, por prepotencia de  trabajo.

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Sudestada comenzó a partir de un emprendimiento de un puñado de estudiantes universitarios de Lomas de Zamora. Al no encontrar los medios para expresar sus inquietudes e iniciativas políticas, decidieron embarcarse en un camino que quizás imaginaron inestable, pero sin dudas cargado de compromiso y seriedad.

La publicación cuenta con 60 números y mantiene una regularidad mensual inédita para un proyecto de este tipo. Por sus páginas se retoman procesos históricos, se analiza la actualidad de la cultura, siempre desde una profunda mirada política que deja al lector siempre con ganas de más.

Hace un año, en el número del quinto aniversario, el escritor Andrés Rivera dejó sentado en esas páginas: “Un grupo de intelectuales jóvenes caminó, camina, las librerías y los kioscos de la ciudad y del Gran  Buenos Aires y con la misma voluntad e inteligencia que escriben y piensan la revista la distribuyen y se encargan pacientes de su cobro. Sudestada llega hoy a los principales centros del país. Convocan de hecho a Lenin que supo decir que la paciencia es una virtud de los revolucionarios” . Una definición que cuadra con cada línea que se redacta en la revista.

“Nos cruzamos en los pasillos de la universidad sin saber mucho qué hacer, pero sabiendo lo que no queríamos hacer. A partir de eso, junto con Hugo (Montero), Diego (Lanesse) y Jaime (Galeano) empezamos a pensar cómo sería una revista que nos gustaría hacer. Entonces nos vinieron a la cabeza determinados personajes que admiramos como Julio Cortazar, Osvaldo Bayer, y Rodolfo Walsh”, cuenta Ignacio Portela, integrante de la redacción.

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Sudestada pasó de los quinientos a los cinco mil ejemplares en 6 años. Durante ese tiempo hubo cambios, avances, desengaños, rabietas y alegrías con imprenteros, kiosqueros  y vaivenes del país que no son ajenos una iniciativa gráfica de este tipo. 

“Siempre hicimos lo que nos gustó –continúa PortelaLa gente fue apoyando, porque sin el aval de los lectores la revista no hubiese dado más de cinco o seis números. Pero supimos plantarnos ante las adversidades y hoy en día tenemos un piso de lectores que nos permite salir relativamente tranquilos todos los meses”.

La revista se solventa, ciento por ciento, por la venta. Tal vez uno de los puntos de funcionamiento más admirable es la distribución: cada uno de los integrantes se dedica a recorrer kioscos, líneas de trenes y subterráneos, y librerías para que Sudestada siempre esté presente.
 
“Ninguna editorial progresista, ningún grupo cultural que supuestamente apoya  la cultura genuina, como es la nuestra, te da una mano. Cuando no tenés por qué responderle ningún favor a nadie, es muy difícil que te den la mano. Más bien te chocan los 5 y te dejan caer”, añade Jaime Galeano, mientras agrega que en el próximo número tendrán el orgullo de tener dos avisos dentro de la edición.

“El primer numero fue con Julio Cortázar en la tapa -recuerda Portela - se cerró en Caseros, en la casa de mis viejos, recién teníamos una computadora, una grabadora de CD que me había traído una prima de mi vieja de Estados Unidos y no teníamos ni la más pálida idea cómo usarla. No sabíamos cómo diagramar, se aprendió a los ponchazos, con la decisión de un título y con muy pequeñas herramientas que teníamos de procesos anteriores en otros medios. No teníamos idea de cómo era el tema de la imprenta, cantidad de pliegos, cosas que hoy nos resultan súper familiares.”  

Sobre los inicios, Walter Marini indica que “fue primordial salir a sacar suscripciones por 5 números que no teníamos idea cómo iban a ser. De agosto hasta diciembre, en pleno proceso de (Domingo )Cavallo bancarizando al país, y de ahí hasta el cierre del 2001 fue todo una odisea. En ese momento la revista salía dos pesos y se suscribían conocidos, familiares, amigos, gente de la facultad. Todos pensaban que esos diez pesos no iban a volver nunca a su bolsillo y que esa revista iba a ser a lo sumo el intento de uno o dos números. Hoy a esa gente nunca le dejamos de entregar una revista”.

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En el proceso de Sudestada resalta el crecimiento político de sus contenidos y la búsqueda de temas que los grandes medios dejan de lado. Rescatar figuras de escritores como Roque Dalton o Daniel Moyano, investigaciones sobre la historia de PRT-ERP o los caminos de Ernesto Guevara por América latina marcan las transformaciones que acarrean los años. También están presentes las posiciones de la revista frente a la realidad, donde en más de una ocasión generaron acalorados debates en sus páginas.

Los integrantes de la redacción acuerdan  en que la revista es más política que en sus comienzos. "En los primeros años –señala Portela- utilizábamos a la cultura como puente para tratar temas políticos e intentábamos dar una vuelta de tuerca a determinados temas. Antes eran más culturales que de política. Lo que pasa es que hoy los temas más políticos o historias de militancia hablan de la cultura. Intentamos armar un debate y generar un material nuevo para que lo utilicen otras persona y puedan reelaborar teorías”. 
 
Quienes están involucrados en el proceso de creación de Sudestada saben que cada mes es un nuevo compromiso. Los cierres de edición, las largas caminatas de distribución y varios viajes por el interior del país presentando la revista se convierten en una vorágine difícil de seguir para quien no está acostumbrado.

En ese sentido, Jaime Galeano advierte “no es sólo sentarse a escribir una nota, es un mapa de actividades que supera lo imaginable y que cada uno supo dejar de lado determinadas cosas para poder dar lo mejor que tiene.”

Con Sudestada apostaron a romper el espacio individual y crear un proyecto colectivo. “Nosotros empezamos la revista cuando teníamos alrededor de 25 años .-explica Jaime Galeano- a partir de esa edad uno deja todo lo grupal de lado para embarcarse en proyectos individuales, en busca de guita, familia o lo que sea. Y no hay un afán individual de trascender más allá, o de que la revista llegó a un techo y entonces nosotros necesitamos un crecimiento personal”.

Antes de salir corriendo al próximo cierre, los integrantes de Sudestada comparten esta definición: “Aprendimos a trabajar en un colectivo constante, de búsqueda de debate. Ese colectivo sabemos que va a pasar una sola vez, y que no va a ser fácil armar otro emprendimiento con las mismas ganas y las mismas pasiones que nos atraviesan ahora“.



 

*Los testimonios de esta nota fueron seleccionado de la entrevista realizada en el programa que se emite todos los viernes de 20 a 21 por AM 530 El fuego y la Palabra.

 

 

 
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