El mismo desastre natural, ¿causa los mismos daños en cualquier lugar donde se produzca? La cobertura realizada por los medios del terremoto que sufrió Perú hace un mes atrás pareció empecinarse, una vez más, en responder de manera afirmativa a esta pregunta. Pero junto al terremoto en las ciudades costeras del sudoeste peruano, sobre el océano pacífico, se registraron en los últimos dos años otras catástrofes naturales que obligan a indagar en otras respuestas.
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Las explicaciones científicas del fuerte sismo ocurrido en Perú hace un poco más de un mes, son claras y verosímiles. Sobre la zona del océano pacífico que se encuentra frente a sus costas se ubican dos placas tectónicas, una denominada “continental” y la otra “Nazca”. Ambas están en tensión permanente, y son la causa de los sísmos que afectan estas costas.
Con una descripción tan simple como ésta, el gobierno peruano se queda sin margen para escudarse en el factor sorpresa y, en consecuencia, sin posibilidades racionales para argumentar que no podía prever que la tierra iba a temblar de la forma que lo hizo.
En este sentido, el periodista ecuatoriano Iosu Paredes, en una nota publicada a pocos días del terremoto por la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), puso el ejemplo de otra costa del pacífico afectada por el mismo movimiento de las placas tectónicas: “El movimiento de las placas tectónicas en Japón, en particular el choque de la placa del Pacífico con la de Filipinas, hace que las islas tengan una gran inestabilidad geológica. Esto produce unos 1.500 sísmos al año y frecuentes erupciones volcánicas, sin embargo las consecuencias en pérdidas humanas y físicas son escasas.” Luego agrega: “una observación crítica nos da rápidamente la idea de que, según el contexto nacional o regional, según los factores sociales, un mismo desastre natural afecta de muy distinta manera. La vulnerabilidad ambiental está íntimamente conectada a la vulnerabilidad social.” Si las causas naturales por si mismas no pueden explicar los más de 500 muertos, tres ciudades destruidas, y miles de heridos en Perú, ¿dónde buscar las causas de tal tragedia humanitaria?
Causas sociales Un camino para encontrar una respuesta más cercana a los hechos puede ser recuperar lo sucedido en Nueva Orleáns, Estados Unidos, antes y después del paso del huracán Katrina a fines de agosto del año 2005.
La improvisación mostrada tanto por el gobierno norteamericano, como por el peruano —dicho sea de paso, con fuertes coincidencias ideológicas—, antes y despues de ambas catástrofes naturales, no sólo demuestra el tipo de Estado del que forman parte, a su vez, expresa los sectores sociales que integra y los que excluye. Nueva Orleáns, Pisco, Chicha e Ica, todas zonas de riesgo. La primera por los diques de contención que hasta el 29 de agosto de 2005 mantuvieron la ciudad en la superficie, las otras por estar en las costas afectadas por la colisión potencial de las capas tectónicas descriptas. En ninguno de los casos existió por parte de sus respectivos gobiernos ninguna política de Estado en materia de prevención que incluya por ejemplo ordenamiento territorial, arquitectónico y de asentamiento de poblaciones.
En el caso del gobierno norteamericano, a las advertencias respecto a la falta de mantenimiento y las fisuras de la represa que mantenía a Nueva Orleáns en la superficie, se sumó la inoperancia en los operativos de rescate y la posterior asistencia de la población afectada; además de no contar con el suficiente personal producto de que un numero no menor de la Guardia Nacional se encontraba en Irak. El saldo fue 1600 muertos y la perdida aproximada de 100.000 millones de dólares. El 30 de agosto se cumplieron dos años del paso del huracán Katrina. Para esa fecha las críticas al gobierno se mantenían en torno a la falta de prevención. El fenómeno derribó en total 53 diques costeros. Luego se supo que en su mayoría estaban agrietados tras tres décadas sin recibir el mantenimiento adecuado por parte del Estado. Una ciudad poblada en su mayoría por “negros” y “pobres” quedó así librada a su suerte.
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El geólogo Robert Giegenback declaró a la prensa durante el reciente homenaje a las víctimas: “ Esto se sabía desde hacía 100 años”. Nueva Orleáns, antes una urbe vibrante y activa, hoy convive con una tasa de mortalidad del 47 por ciento por la falta de hospitales. Desde 2005, los índices de criminalidad se duplicaron y un tercio del total de la población desea abandonar la ciudad definitivamente. Dos años después en Perú las cosas no fueron muy distintas. Cuando todos los corresponsales extranjeros estaban en territorio peruano porque el fenómeno vendía, los funcionarios consultados asumían ante la evidencia de los hechos la desorganización de la distribución de la ayuda posterior al sísmo, junto con la ausencia de personal calificado y de una buena logística.
Consultado por la existencia de un plan de contingencia teniendo en cuenta que Perú es una zona con riesgo sísmico Luis Bromley, director del Instituto Nacional de Medicina Legal, uno de los organismos estatales que encabezaron las tareas de rescate y asistencia a las víctimas, respondió al diario Clarín: “Planes tenemos. Lo que no hay es personal calificado, entrenado específicamente para situaciones como esta. No hay una política de Estado. Cuando cambian los gobiernos cambian los planes.” Y luego agregó: “no hubo una buena logística, no teníamos buenos mapas de la zona afectada, ni maquinaria adecuada”.
Pero esto no es todo. Detrás del desinterés de los gobiernos de Estados Unidos y Perú se encuentran modelos de desarrollo sustentados en la integración del centro y la exclusión necesaria de la periferia, enclaves que aún en el siglo XXI se encargan de garantizar mano de obra barata para el momento en que se la requiera. Mecanismo del que no está excluida la principal economía del mundo.
En este sentido, el periodista Iosu Paredes sostuvo: “El número de víctimas está vinculado a un modelo de desarrollo, pero también a la ineficacia de los gobiernos. Las miles de casas enterradas en Pisco eran completamente vulnerables. Igual ocurrió hace unos años en Centroamérica con el huracán Mitch. En aquella tragedia murieron unas 20.000 personas de las que el 70% vivían en la extrema pobreza. No es que las catástrofes conspiren contra el desarrollo, sucede que son parte del problema de un determinado modelo de desarrollo que reproduce la pobreza estructural, la depredación ambiental y una inadecuada concentración poblacional derivada de la marcha del campo a las ciudades.” Un solo ejemplo como muestra Entre el 8 y 9 de julio del año 2005 la isla de Cuba se vio afectada por el paso del huracán llamado Dennis, el más importante en la Isla desde 1963. Los vientos de este fenómeno “natural” alcanzaron los 250 kilómetros por hora —el huracán Katrina alcanzaría unos meses más tarde 240 Km por hora— y causaron daños por 1400 millones de dólares.
Ocho millones de personas fueron afectadas por el fenómeno natural, de las cuales 1 millón y medio fueron evacuadas en los días anteriores. De todas ellas, 10 perdieron la vida durante las primeras horas en las que se produjo su paso.
Según informó en su momento Defensa Civil de este país, ningunas de las víctimas había seguido las instrucciones difundidas por este organismo durante los días anteriores.
Por entonces el presidente Fidel Castro, expresó que Cuba está en condiciones de “enfrentar este o cualquier otro huracán, no creo que en otro país del mundo exista una maquinaria como la nuestra para reducir al mínimo los daños que pueda causar un evento de esta naturaleza.” Katrina y el gobierno norteamericano confirmarían luego las palabras de quién hoy está recuperándose de una importante operación intestinal.
Pero no sería sólo el gobierno de George Bush quién le diera la razón al por entonces jefe de Estado cubano. Un mes antes del paso del huracán Dennis, el 7 de junio, en el marco de un seminario organizado por la ONU para autoridades del Caribe encaminado a fortalecer las capacidades preventivas de la región ante este tipo de eventos, Jan Egeland, subsecretario de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios y Coordinación del Sistema de Emergencias, reafirmó los dichos de Fidel: “el sistema cubano para la protección de la población y su capacitación contra la reducción de impactos figura entre los mejores del mundo”
La presencia del Estado cubano contrasta con su ausencia en países como Estados Unidos y Perú.
Nada librado al azar
Todos los responsables de los operativos de prevención destacaron por aquel entonces la colaboración casi unánime del pueblo cubano en las medidas preventivas, clave en el desenlace final de la crisis meteorológica. En un orden llamativo, un millón y medio de personas fueron evacuadas y estuvieron refugiadas en centros especialmente preparados por el gobierno. Fue el propio Fidel Castro quien se puso al frente de la dirección política del operativo. El entonces presidente de la isla más grande del caribe convirtió uno de los estudios de la Televisión Cubana en un auténtico cuartel general de la coordinación de los preparativos de la defensa nacional contra la catástrofe, por medio de la transmisión de un programa que se emitió todas las tardes. La población estuvo minuto a minuto informada de cómo se desarrollaba la resistencia al huracán en cada rincón de la isla, y en los países donde éste pasó previamente. Los periodistas eran los encargados de hacer los enlaces con los distintos organismos implicados en la defensa civil y prevención de catástrofes, así como con los diferentes territorios que iban siendo afectados por el huracán. Según informó Prensa Latina por aquellos días, la cantidad de información a disposición de los cubanos fue enorme, y alcanzó cada detalle de los problemas técnicos, de generación eléctrica, de cada línea de transporte, o de la evacuación de tal o cual localidad. Las autoridades del Estado cubano no dejaron ni el más mínimo detalle a la improvisación, y llegaron incluso a organizar la producción centralizada de pan para los momentos críticos posteriores al paso del Dennis. Según las crónicas periodísticas de corresponsales extranjeros afectados a la cobertura de lo que podría haber sido una inédita tragedia humanitaria por la envergadura que alcanzó aqueñ huracán, dos días después, la vida se normalizaba en La Habana, y en las provincias más afectadas los trabajos correspondientes a la fase de recuperación ya estaban avanzados Las dudas entonces se reducen. “ El mismo desastre natural, ¿causa los mismos daños en cualquier lugar donde se produzca?” Es evidente que si George Bush y Alan García, entre otros presidentes, hubieran aprendido algo de los habitantes de la pequeña isla del Caribe, el mundo no estaría lamentando la muerte de tantas personas a causa de desastres que la inmensa mayoría se empecina en llamar “naturales”. |