 | Casi 34 años atrás, el cineasta Raymundo Gleizer, narró en la película ‘Los Traidores’, la corrupción de un líder gremial, que comienza su lucha en las filas peronistas en los '60, y que se corrompe en su ascenso al poder. Este artista describió como pocos un tema que sigue vigente: la burocracia sindical. Junto con las patronales constituyen el blanco de las luchas de los trabajadores y trabajadoras organizados. Desde espacios clandestinos y recibiendo como respuesta, muchas veces, violencia laboral y física, la batalla se libra desde ámbitos alternativos dentro de las mismas organizaciones gremiales. |
El film, data de 1973 y centra su trama en Roberto Barrera, un burócrata sindical que realiza un auto secuestro para buscar con este hecho fingido ganar las elecciones. El realizador, Raymundo Gleizer, lleva escenas del pasado al presente. De esta manera, permite descubrir el historial combativo de este militante que accionaba desde la resistencia peronista, pero que a medida que pasa el tiempo se va corrompiendo en su ascenso al poder, siendo un traidor y un colaboracionista con la dictadura militar de turno. La obra de Gleizer no perdió vigencia, a lo largo de estos últimos años de resurgimiento de la lucha sindical, vemos que "los traidores" continúan enquistados en casi todos los gremios y recurriendo a las tradicionales estrategias para permanecer en el poder. El sociólogo Oscar Martínez, integrante del Taller de Estudios Laborales (TEL) considera que en los últimos tiempos se ha hecho tal uso y abuso de la palabra burocracia que es difícil definirla, pero se pueden arriesgar algunas precisiones. “La primera –describe el especialista- señala a aquellas autoridades que deciden y se organizan totalmente por fuera de las necesidades y los intereses de la base. Ya no trabajan. Y otra, que es mucho más fuerte y más sólida, tiene que ver con dirigentes que no sólo no representan a los trabajadores sino que socialmente se han enriquecido, son casi empresarios y que incluso, yendo un poco más lejos, por ejemplo en la ultima dictadura, han entregado listas y han hecho desaparecer trabajadores.” En la actualidad estas connotaciones están muy mezcladas, pero la que podemos distinguir con facilidad es la que se refiere a aquellos dirigentes que ya no trabajan o que nunca trabajaron. “Esos, digamos ‘representantes’, que pueden ser llamados claramente burocráticos, desalientan cualquier forma de participación" -continúa Martínez- "La afiliación es una de ellas. Igualmente, el grado de inscripción sindical en Argentina es muy alto, con relación a niveles mundiales. De todas formas podría ser mucho mayor con otro tipo de dirigentes. Pero ese no es el único problema, sino que lo que desaniman es la participación, porque un sindicalismo democrático se define principalmente por la votación. Lo central son los trabajadores en el día a día, ellos son el sindicato, lo construyen, realizan asambleas, discuten, debaten cómo llevar adelante medidas de fuerza. O sea, lo que está en discusión en última instancia es si el sindicato son los trabajadores o es un aparato, un simple edificio”. Por su parte, el abogado laboralista Guillermo Pérez Crespo, resalta la diferencia entre burocracia y corruptela sindical. “Hay muchos dirigentes burócratas que toman decisiones por sí solos y sin embargo son representativos o bastante representativos de sus bases. Esto, históricamente y a nivel mundial, tiene que ver con la aparición de los grandes gremios donde se empiezan a armar las estructuras profesionalizadas de dirigentes sindicales”. Además el letrado destaca que “la corruptela sindical es un fenómeno muy grave en el sindicalismo argentino, que tiene que ver con la represión de los años 70 y la brutal desocupación de los 90. Ante este fenómeno aparecen intentos de organización desde abajo. Esto no es nuevo, esta clase de organización se dio en los años 60 como forma de democratización de los gremios”. Pérez Crepo considera que se trata de intentos muy complejos, porque deben enfrentar direcciones sindicales muchas veces represoras, empresarios cómplices de estas burocracias sindicales y, a su vez, la colaboración de los ministerios y la justicia con ese entramado. Fuera de las definiciones y experiencias de las cuales podemos dar cuenta a lo largo de la historia, este fenómeno también se aprecia en la actualidad. El periodista Rubén Schofrin, integrante de la asamblea de trabajadores de la empresa editorial Perfil, explica que en ese oficio, “la conducción de la Unión de trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) es una burocracia que hace 23 años dirige el sindicato. En muchos casos, las autoridades del gremio no pasaron por un trabajo periodístico, ya sea administrativo o de redacción. La mayoría de ellos ni siquiera fueron delegados de empresa”. El referente cuenta además. que “hace 16 años que no hay una asamblea general del gremio, que no se tiene un plenario de delegados. Eso tiene que ver con que esa instancia es la encargada de convocar a los peones para la lucha por salarios dignos o mejores condiciones de trabajo. En las empresas periodísticas, los empleados no conocen el estatuto, no se trabaja seis horas, no hay antigüedad, no se respetan las condiciones laborales ni las categorías. Frente a todo esto, por parte de nuestro sindicato, no hubo ninguna acción”. En tanto, el representante de los trabajadores de la línea B de subtes, Claudio Della Carbonara asegura que para el cuerpo de delegados “es una lucha contra dos enemigos que son socios porque una gran cantidad de funcionarios de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) están asociados con los empresarios del transporte" Por lo tanto, para Della Carbonara no hay diferencia entre enfrentar a la patronal y a la burocracia. “Actualmente, los trabajadores tienen que tomar en sus manos la tarea de denunciar las anomalías en el sector, lo que debería hacer el gremio”. El delegado advierte que “lo que le molesta a la empresa y, también, a las burocracias, es tener trabajadores que se organicen en base al método de la clase obrera: la asamblea. Empleados que decidan qué es lo que quieren hacer y lo lleven a la práctica. Muchas veces esa decisión choca directamente con los intereses de las patronales y sus aliados que tienen dentro del sindicato”. “En Argentina hay una tradición de listas únicas, de eliminación de la oposición -asegura Oscar Martínez- los dirigentes sindicales no solamente persiguen a los opositores sino que le dan los nombres a las patronales para que los echen. Es más, en los sindicatos tradiciones, y pensemos en la década del 70 en Argentina, colaboraron con la Triple A. Estas son todas expresiones de sectores que quieren conservarse en el poder”. El sociólogo considera que “lamentablemente para un sector del sindicalismo la violencia y la eliminación física de los opositores ha sido una constante. Lo que uno ve hoy en día es una parte nada más, una muestra de lo que ha sido el accionar de las conducciones más centralizadas de los sindicatos, aunque no deja de ser reprobable.” Para Martínez, también, es importante destacar lo que ocurrió con los lideres sindicales durante el menemato. Asegura que “con el surgimiento del sindicalismo empresario, el poderío económico no depende, ahora, tanto de los afiliados sino de la participación o propiedad de las AFJP, de empresas de salud, consultoras. Entonces -continúa el sociólogo- esos dirigentes no van a aceptar perder el poder en una elección democrática. Por lo que en numerosísimos gremios, se debe trabajar con un nivel de clandestinidad absoluta, hay que cuidarse tanto de la patronal como de las direcciones centrales y nacionales.” La burocracia sindical cuenta con un abanico de estrategias para conservar el poder. Según Pérez Crespo, “hay muchos modos de fraude electoral en los sindicatos, el más común es la carrera sindical por la cual uno no puede ser candidato a la comisión directiva de un gremio si anteriormente no pasó por una cantidad de puestos intermedios. Eso hace más difícil la formación de listas en sindicatos nacionales”. La respuesta de los afiliados que quieran participar es presentar una acción de amparo y denunciar que no se los deja intervenir por una disposición limitativa que es ilegal ya que es violatoria de la cláusula 87 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, el abogado señala que esta acción puede ser tomada o no por los jueces que intervienen. Pérez Crepo agrega otro elemento a la mecánica fraudulenta: los padrones. “La ley sindical solo prevé la exposición de padrones en el local sindical y eso hace más difícil el control de los afiliados porque las listas opositoras no tienen derecho a pedir una entrega de padrón, como es posible en cualquier elección nacional. Lo único que queda es ir muchos miembros de la lista opositora durante muchos días para revisar los padrones. En un sindicato grande con miles de afiliados el control es casi imposible y en los chicos muchos candidatos que tendrían que estar en campaña pierden días en el local sindical revisando el padrón” . Otra cuestión que hace muy difícil la participación electoral, es el mecanismo de la desafiliación de trabajadores. El abogado indIca que "actualmente los sindicatos no se preocupan por conseguir afiliados debido a que su poderío económico no depende de ellos. A través del sistema de cuota solidaria (una suma que se descuenta del salario de todos los empleados, agremiados o no), el sindicato recibe casi igual cantidad de dinero de trabajadores y afiliados. De hecho, este sistema, hace que desde las dirigencias se obstaculice la afiliación, ya que es más fácil perpetuarse en el poder cuanto menos cantidad de afiliados haya." Por otro lado, se genera una relación entre los directivos sindicales, que utilizan estas estrategias y empleadores. Los últimos son cómplices de la falta de democracia por conveniencia. El letrado asegura que debido a esta relación entre patronal y dirigencia sindical “cuando se empieza a armar una lista opositora es imprescindible hacerlo en forma clandestina porque cuando el sindicato se entera los integrantes pueden resultar despedidos”. La pelea de los trabajadores y trabajadoras para desacreditar la acción de los burócratas sindicales y conseguir verdaderas reivindicaciones, tomó dos formas. Quienes decidieron crear nuevos sindicatos con conducciones representativas y participativas como la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA) y el Sindicato de Empleados Jerárquicos de Comercio. Al mismo tiempo, están quienes decidieron intentar modificarlos desde adentro. “En realidad, lo que nosotros creemos es que el gremio es de los trabajadores - enfatiza Della Carbonara- que es nuestro, que hay que luchar para recuperarlo. Por eso nosotros planteamos la creación de un frente conformado por cuerpos de delegados y comisiones internas opositoras a esta clase de conducción burocrática.” "En la UTPBA hubo sectores del gremio que decidieron formar un sindicato aparte -cuenta Schofrin - pero no es un proceso colectivo. Una cosa es formar un sindicato en empresas estatales donde los derechos de agremiación son más fáciles de conseguir (APBA, formado por trabajadores de Telam - ATC ) y otra muy diferente es en el sector privado. Porque tener solo una personería jurídica y no gremial significa la posibilidad de despidos, de que anulen las pocas comisiones internas que hay en el gremio.” El periodista considera que el sindicato de prensa debe ser reorganizado “de abajo para arriba, con revocabilidad de todos los dirigentes, sin reelección de los puestos sindicales, donde los compañeros que asumen un mandato al siguiente vuelvan a trabajar, que es lo que corresponde”. Si bien "Los traidores"; es un film de ficción y hasta con un alo de comicidad, no se puede ignorar que todo lo que relata es completamente real. La persistencia de los trabajadores y trabajadoras organizados dirá como continua la película.
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Editado por Mariana Collante
Entrevista al sociólogo Oscar Martínez
Entrevista al abogado laboralista Guillermo Perez Créspo
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