El corazón de las tinieblas Las comunidades indígenas de nuestro país son noticia para los gobiernos únicamente cuando los medios de comunicación de otros países deciden realizar “safaris por la ruta del hambre”, o cuando se presenta solitario y espasmódico un informe de alguna organización no gubernamental que denuncia “condiciones infra humanas de existencia con índices africanos”. En época de elecciones también adquieren fugaz protagonismo. Los aborígenes representan la fracción poblacional más vulnerable en términos de posibilidad de fraude porque fácilmente se convierten en presos de las mafias políticas. | |
A los altos niveles de miseria que sufren las poblaciones originarias como el resto de los habitantes de las provincias más pobres de nuestro país, hay que sumar la violencia política y la discriminación étnica cotidiana. El ex ministro de Salud de la Provincia del Chaco, Ricardo Mayol, explicó que las condiciones de hambre y desnutrición del pueblo toba asentado en El Impenetrable se deben a los “hábitos culturales indígenas”. Sostuvo, además, que “tienen su propia manera de comer, su manera de alimentarse, y a veces no aceptan la nuestra”. Los tobas, que hoy en día ascienden a más de 69.452 personas, habitan mayoritariamente en la provincia de Chaco, aunque también existen asentamientos en las provincias de Formosa, Santa Fe y Buenos Aires. Estos grupos fueron los últimos en ser “incorporados” durante la campaña del desierto a finales del siglo XIX, y fue a partir de la incorporación violenta de estas poblaciones al Estado que las mismas conocieron por primera vez la explotación en el trabajo, la pérdida del acceso a los campos de caza y pesca, el contagio de epidemias y enfermedades infecciosas. Hoy, Chaco figura primera en la lista de provincias más pobres por sus índices elevados de analfabetismo, mortalidad infantil y embarazo adolescentes que encabezan el ranking nacional. La deuda pública alcanza -según los números oficiales- los 4.000 millones de pesos, no cuenta con industria nacionales o extranjeras, y la desaparición del cultivo del algodón en las últimas décadas, dejó espacio al de la soja y arrojó a grandes masas de campesinos a los asentamientos precarios del Gran Resistencia. El problema de este último cultivo es que además de los perjuicios que le produce a la tierra, la soja requiere un 40 por ciento menos de mano de obra. En este contexto, el Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, presentará un informe ante la Suprema Corte de Justicia sobre la situación de “exterminio silencioso y progresivo” que viven los pueblos originarios de la provincia de Chaco. Si bien Mondino ya había realizado una denuncia sobre la precarización de la forma de vida de esta comunidad, la respuesta de la Corte fue ordenar a los gobiernos locales y nacionales que suministraran agua potable y alimentos a los indígenas asentados en los Departamentos General Güemes y Libertador General San Martín. También dispuso que debían proporcionar medios de transportes y comunicación hacia los puestos sanitarios. Frente a esa orden judicial, la única respuesta del gobierno de Ángel Rozas y del reciente gobernador electo, el kirchnerista Jorge Capitanich, fue difundir a través de los medios masivos políticamente y económicamente vinculados al poder local una supuesta inversión de 490 millones de pesos para infraestructura, equipamiento y desarrollo productivo, absolutamente inexistente en el presupuesto 2007 y 2008. La presentación que realizó el Defensor del Pueblo al Supremo Tribunal, se suma al informe sobre la situación de esa comunidad indígena elaborado por el Centro de Estudios Sociales Nelson Mandela (*). El texto describe una lista de “muertes evitables en pleno siglo XXI” entre los que figura el de una beba toba del pueblo de Castelli, de apenas 21 meses, que murió afectada gravemente de tuberculosis y desnutrición. Valentina Oriburo falleció a fines de octubre en el Hospital de del pueblo de Castelli. Sus padres, Zunilda Bulacio [19] y Romualdo Oriburo [22], llevaron a la niña para ser atendida en el Puesto Sanitario de Villa Río Bermejito. La precariedad de ese centro de salud es similar a los del resto de la provincia. Los enfermos de tuberculosis, mujeres y varones, comparten la misma habitación con los pacientes bacilíferos, o sea aquellos que están en etapa de provocar contagios. A esto debemos sumar la dudosa aptitud nutricional de los alimentos que se brindan a estos pacientes que no tienen los atributos nutricionales que se necesitan durante los tratamientos que se llevan adelante para curar a los tuberculosos, desalientan a los enfermos porque les provoca fuertes consecuencias colaterales y persistentes sensaciones de profundo malestar por la agresividad de la medicación. No se brinda en ninguna de las poblaciones de esa provincia señaladas de mayor riesgo sanitario ningún tratamiento ni profilaxis, de manera que las consecuencias potenciales y concretas de contagio y prevalencia epidemiológica se multiplican de manera exponencial. Este escenario no puede describirse de otra manera: un exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable.
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Algunas notas sobre el hambre en el Chaco
Antropólogos e investigadores que trabajan en comunidades indígenas de Chaco y Formosa se refieren a las muertes por desnutrición en el Chaco. Afirman que los medios de comunicación recurren a un tipo de sensibilización que dificulta no sólo la comprensión integral de dicha situación sino las posibilidades mismas de resolución. Mariana Gómez, Ana Carolina Hecht, Alejandro López, Carlos Salamanca, Florencia Tola, Soledad Torres Agüero, Patricia Torres Fernández y Ana Vivaldi, subrayan la importancia de la participación indígena en el diseño y en la ejecución de los planes de salud e invitan a debatir sobre los encuentros y desencuentros entre indígenas y políticas públicas. Informe Completo en formato Pdf |