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Jueves, 28 de Agosto de 2008
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Entrevista al economista Julio Gambina* PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Martín Raffo y Leonardo Smerling   
domingo, 11 de noviembre de 2007

 “En el Banco del Sur pueden imponerse las tecnoburocracias o los sectores sociales más necesitados”

Si no sufre una nueva postergación, en diciembre los presidentes de los cinco países que hoy conforman el Mercosur más Ecuador y Bolivia, firmarán en Venezuela el acta fundacional del Banco del Sur. Sin embargo, para su funcionamiento efectivo, aún restan limar ciertas diferencias en torno a los ejes nodales propios de una entidad financiera de esta característica. ¿Debe reemplazar o complementar al Fondo Monetario Internacional? ¿Los votos de cada país deben estar ponderados de acuerdo al dinero que aporta cada uno?, son algunas de las preguntas que aún no tienen respuestas de consenso. Julio Gambina, económista, profesor universitario, y director adjunto del Centro Cultural de la Cooperación analiza el proceso de conformación del Banco del Sur y las diferencias que hoy dividen a los países de sudamérica que lo integran. Nota con Audio

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¿Cuáles son las razones por las cuales estamos frente a la firma de un acta fundacional que no implicará necesariamente la puesta en funcionamiento del banco del sur?

Primero digamos que es un tema que viene largamente demorado. Ya debió haberse subscripto el acta en junio de este año, cuando se realizo la Copa América. Pero evidentemente las diferencias que hay entre los distintos países, y los proyectos políticos que integran la iniciativa Banco del Sur lo impidieron. El Banco del Sur, fue una iniciativa originariamente pensada entre Venezuela y Argentina para ofrecerla a los países del Sur. No necesariamente sólo de América Latina. La proyección es que el Banco del Sur incida en una nueva arquitectura financiera en el plano mundial. Una de las diferencias principales fue con Brasil, que inicialmente no iba a ser de la partida, y finalmente decidió que sí. No es un tema menor que en una iniciativa que surge en el sur de América Latina, esté o no esté Brasil. Ahora lo que se firma de alguna manera, es la carta de intención, la voluntad política, la decisión de avanzar, pero para poner en funcionamiento el Banco del Sur, en toda la dimensión de lo que operativamente puede dar una institución de esta naturaleza, todavía resta.

¿Cuáles son esas discusiones que aún no se han dado?

Sobre este objetivo que mencionaba recién de influir en una nueva arquitectura financiera. Piensen que casi en simultáneo con esta firma tenemos nuevas autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI). Hay un cambio de conducción en el FMI, donde se pretende, o se presume, que las nuevas autoridades van a generar más discusión al interior, para intentar, cosa que yo no creo, poner el Fondo a tono con las exigencias del sistema económico financiero mundial. Esta muy claro que el FMI tal y como estaba en el último tiempo ya no servía. Era una entidad que se construyó al final de la segunda guerra mundial, para ponerle cierto orden al sistema financiero mundial posguerra, pero se distorsionó a tal punto que en los últimos 15 o 20 años se transformó en un banco de préstamos, que incluso en el transcurso de los 2 últimos años, la mayoría de los deudores han cancelado los préstamos que tenían, y hora el FMI no tiene de que vivir. El FMI va a tener que hacer su propio ajuste.

 Hay una reestructuración de los organismos rectores del sistema financiero internacional y los países del Sur, sobre todo acá en América Latina, y con una fuerte iniciativa venezolana, intentan crear una entidad autónoma. Digámoslo de este modo, Argentina, Brasil, Venezuela, han acrecentado sus reservas internacionales en divisas, básicamente en dólares, pero también en Euros, y esos dineros están depositados en la banca tradicional del sistema financiero internacional, que luego vuelve como préstamos a nuestros propios países, a tasas elevadas en el marco del costo del dinero internacional. La pregunta es, ¿Por qué no generar un sistema financiero con relativa autonomía del sistema financiero vigente, actual? Y para eso se está pensando en el Banco del Sur.

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Porque en simultáneo con un banco que otorgue préstamos para el desarrollo productivo, para iniciativas económicas en la región, también hay una idea de constituir desde el Banco del Sur, algo así como un Fondo Monetario del Sur. Es decir, una institución financiera que piense en asistencia técnica, financiera e institucional, pero pensado desde las propias necesidades de nuestros países. No con la lógica ortodoxa que plantean los funcionarios del Banco Mundial o del FMI, que responden a la lógica de los países capitalistas desarrollados, o a la necesidades de las grandes transnacionales de esos países, que presionan para que ese funcionariado público internacional, favorezca los intereses de liberalización de la economía, de apertura de los mercados, que es lo que han hecho las recetas del Fondo Monetario, y del Banco Mundial, en todos nuestros países.

Pero convengamos que los que intervienen por cada uno de los países involucrados, cada uno lleva la impronta de la política económica de su país. No es lo mismo, un país como Venezuela que está promoviendo desarrollar el socialismo del Siglo XXI, que la Argentina, que en el discurso oficial está el planteo de reconstruir el capitalismo nacional en las condiciones concretas del desarrollo Argentino. Ahí hay evidentemente contradicciones, pero sí hay una voluntad compartida de todos los que subscriben el Banco del Sur por generar un instrumento propio que desarrolle políticas lo más autónomas posibles a las condiciones en que funciona el sistema económico mundial.

En una entrevista radial realizada a Alejandro Olmos Gaona, dijo que para que el Banco del Sur pudiera cumplir con sus objetivos no tendría que estar Brasil ¿Cuál es su opinión al respecto?

Yo digo que todos los países tienen intereses contradictorios. Si uno mira la política exterior de Argentina a veces se parece más a la brasileña que a la venezolana. Yo diría que Argentina mira a veces más hacia Estados Unidos y Europa que hacía América Latina, por lo tanto no hay país que no tenga contradicciones. Yo creo que el tema no es qué país tiene que estar y qué país no tiene que estar. Me parece que tiene más que ver con cuales sean las orientaciones que se impongan en los distintos países, y lo traduzco de esta manera. En el Banco del Sur que emerja pueden imponerse las tecnoburocracias de nuestros países, cualquiera sea el país, o imponerse una lógica de satisfacción de las necesidades de los sectores económico sociales más necesitados, y eso requiere la participación popular en la toma de decisiones, un tema que no me consta que vaya a ocurrir en el Banco del Sur. Es decir, para evaluar un proyecto de desarrollo productivo, en cualquier parte de la Argentina, ¿cuál va a ser el criterio de viabilidad de ese proyecto? Si es un criterio de viabilidad técnica estándar, con los que se evalúan proyectos de inversión en el sistema bancario tradicional de nuestros países, lo más probable que sólo se tenga en cuenta el flujo de capitales, el potencial resultado económico, la capacidad de devolución, y no las necesidades sociales para satisfacer esas demandas. Imagínense una empresa recuperada en el 2001, en el sistema tradicional no son sujeto de préstamos, y sin embargo muchas empresas recuperadas demostraron ser exitosas a partir de la gestión de sus trabajadores. Es decir que lo que importa no es tanto qué países, sino con que voluntad se construye la nueva entidad financiera.

En una entrevista que le hicieron en Cuba, usted planteó que se había reinstalado el debate entre el Estado y el mercado, en el sentido de que el Estado es lo bueno y el mercado lo malo, textualmente “sin comprender que el mercado expresa relaciones de intercambio, y esas relaciones pueden ser solidarias o mercantiles

Y agreguemos también, porque la cita sigue, que el Estado también defiende a veces determinados intereses. Cuando el Estado argentino recientemente extiende la explotación petrolera del pozo más grande hasta el año 2047, está jugando en un tema estratégico como es el del petróleo para favorecer a corporaciones trasnacionales petroleras. Lo que queremos señalar es que hay que ver que relaciones de intercambio se generan en el mercado, que pueden ser relaciones solidarias. Cuando uno piensa en términos de una economía de autogestión, de gestión asociativa, cooperativa, mutual, no lucrativo, ahí lo que interesa es la satisfacción de las necesidades sociales de producir, de intercambiar, de resolver necesidades, y no tanto del intercambio asimétrico que genera el mercado capitalista. Y hoy tenemos un mercado dominado por capitales altamente concentrados, donde ninguna de nosotros está en condiciones, para decirlo en términos simples, de regatear. El  supermercado nos impone precios, nos impone condiciones, y si no aceptamos esas condiciones mejor que no entremos porque no vamos a tener condiciones de establecer una negociación, como uno puede hacerlo en la plaza pública con el artesano. Es decir, no hay condiciones de simetría en el mercado capitalista, se impone el más fuerte.

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Pero no es la única de forma de organizar el mercado. Se puede pensar en mercado regulados, de alguna manera es lo que se pretende en países socialistas. China habla de socialismo de mercado, porque buena parte de lo que ocurre en la economía está dominado por el Estado. Qué no significa lo que alguna vez hemos llamado en la Argentina, precios políticos. Es decir que hay condiciones para que desde las políticas públicas se subsidie determinados productos. De la misma manera que hoy existen subsidios, por ejemplo para el transporte público en manos privadas. No funciona necesariamente el mercado según las reglas de la oferta y la demanda, sino que hay una intervención pública para que el mercado redistribuya beneficios y perjuicios, según sea las necesidades políticas, sociales, culturales. Entonces no existe la libertad de mercado aséptico, sino que en el mercado capitalista está la dominación del más fuerte, y hay condiciones para hacer intervenir a los seres humanos a través de la intervención pública para generar relaciones menos asimétricas dentro del mercado, y eso supone por supuesto la voluntad política de un Estado de favorecer determinados sectores.

Y esto tiene que ver con la discusión que existe entre Venezuela y Brasil respecto a la votación dentro del Banco del Sur y su función.

Claro, porque tiene que ver si hay igualdad de condiciones, un país un voto, o si la toma de decisiones está asociada a la capacidad económica que tengan los países. El Fondo Monetario está asociado al sistema de Naciones Unidas, y en la ONU cada país un voto, sin embargo en el FMI Estados Unidos por si sólo tiene capacidad de veto, porque tiene los votos suficientes para vetar cualquier medida. En realidad, más allá de Estados Unidos, hoy el voto se administra con el voto consensuado y compartido de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Japón y Alemania. O sea que ni siquiera el llamado grupo de los siete interviene. Con estos cinco países, imponen por el peso económico que tienen dentro del Fondo la capacidad de toma de decisiones, algo realmente antidemocrático. Y eso es parte de la discusión que se transitó en el Banco del Sur.

¿Hoy en día están dadas las condiciones para que el Banco del Sur tenga otra perspectiva, y qué no termine siendo funcional simplemente a cada uno de los países integrantes?

No se puede contestar a priori, el Banco del Sur se va a ir definiendo de acuerdo a como se vayan definiendo los procesos en cada uno de nuestros países. Nace bastante parecido a los bancos internacionales que existen, con algunos matices por supuesto, pero que todavía el conjunto de la sociedad, de las organizaciones sociales y políticas populares, no han tomado cartas en el asunto, y tendrá que producirse una función para que la operatoria del Banco del Sur, cuando empiece a funcionar, sea más parecida a los que imaginamos un Banco del Sur para una política alternativa, que para reproducir las condiciones del funcionamiento actual.

O sea que no estaría en poder de los que administran el Estado, sino en la presión que puedan ejercer las organizaciones populares para que una entidad de estas características tome una función diferente a la que cumple el Fondo Monetario Internacional.

Digamos que es una combinación de las dos, donde lo definitivo es la presión social y la capacidad que eso tenga en articularse en políticas de Estado.

En esa línea de análisis, ¿Cómo analiza los procesos de organización popular que se están dando en América Latina?

 Son muy disímiles. No es lo mismo lo que ocurre en países como Venezuela, Bolivia o Ecuador, donde hay una voluntad política de avanzar en transformaciones profundas que se expresan en las Asambleas Constituyentes. Que lo que pasa en países como Argentina, Brasil o Uruguay, donde no está puesto en discusión cambios de sistema. Donde en general hay discursos críticos a las políticas hegemónicas de las 90, pero sin generarse políticas alternativas que transformen la realidad.

 

* Entrevista realizada en el programa de radio Latido Americano que se emite en FM Moreno, una radio comunitaria del conurbano bonaerense.
 

 
Audio de la Entrevista a Julio Gambina
 
 
 
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