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Perseguidos políticos, argentinos sin refugio PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Yamila Blanco   
jueves, 22 de noviembre de 2007

“Un agujero en el agua”

Enrico Calamai, vice cónsul italiano en nuestro país desde septiembre de 1972 a mayo del 1977, visitó Buenos Aires para presentar su libro “Razón de estado: Perseguidos políticos, argentinos sin refugio”. En esta nota relata su gestión en Argentina, y cómo se salió de las reglas institucionales y ayudó a que varias personas pudieran salvar su vida a través de los recursos de la diplomacia.

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Lo que hacíamos era como un agujero en el agua. Esa era la impresión que teníamos”. – asegura Enrico Calamai, autor del libro que fue publicado por primera vez en el año 2004, y este mes se reeditó en español.

El diplomático relata que “casi todos los días llegaban a mi oficina jóvenes perseguidos por los militares sabiéndo que si salían del edificio iban a ser capturados. Intentaba ayudar. Pero realmente era muy poco respecto a la inmensa catástrofe humanitaria que estaba viviendo el país. Sobre todo al final, cuando tuve que irme me quedó esa sensación de dolor, de haber podido ayudar, pero de manera muy limitada.

En el año 2004 Calamai fue condecorado con la Orden del General San Martín en grado de comendador. Una mención muy importante por parte del gobierno argentino, que distingue la labor de quienes ayudaron a posibles víctimas del terrorismo de Estado. 

Lo que hacía específicamente, era dar un pasaporte italiano, un boleto de avión y llevar a la persona al aeropuerto.” –detalla el ex funcionario. “Sabíamos que en Ezeiza el control era muy estricto y que en cambio en aeroparque no. Eso sucedía porque en Uruguay había militares argentinos que estaban dando ‘caza’ a los llamados subversivos que se iban. Nuestros asistidos, salían con el documento argentino, pero al llegar a Montevideo sacaban el pasaporte italiano, por lo cual no estaban controlados, y de esa manera podían dejar el país.”

Caramai distingue dos casos diferentes. Uno era quienes llegaban al consulado con documento argentino. Si era así, podían cruzar la frontera por donde sea, salvo Ezeiza, y luego en otro país, sacar el documento italiano. “Ese era un asunto bastante sencillo -admite el diplomático- la persona se iba en avión a Montevideo, nosotros le informábamos a la embajada de Italia en Uruguay y al llegar allá le daba el otro boleto de Montevideo hasta Roma. Quedaba el problema de pasar el control en Aeroparque que era un momento terrible. Muchos chicos al acercarse a esa instancia, se ponían una cápsula de cianuro en la boca por si los paraban. No ocurrió nunca pero la posibilidad existía.”

Otra era la estrategia cuando la persona no tenía el documento argentino. Eso planteaba el primer problema: Dónde podía esconderse durante un par de meses hasta que se le consiguiera el DNI. “Al principio habíamos encontrado un convento de religiosos italianos, pero al ocurrir la masacre de los curas palotinos en julio del 76, se aterraron y no pudimos volver a recurrir a ellos - explica el autor -. Entonces encontramos una habitación en el consulado de Italia. Pero se vivía mal, ya que era una oficina vacía en donde habíamos colocado unas camas, un sofá, sillas y mesas. No había cocina ni baño. Era un refugio bastante precario. Además, el consulado no tiene la extraterritorialidad que tiene una embajada. Por lo que teóricamente hubieran podido entrar la policía o las fuerzas armadas. Eso no ocurría porque habría sido un escándalo que en el extranjero se supiera una cosa así.

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Tuvimos que recurrir a las autoridades argentinas .para conseguir los documentos” -continua Enrico Caramai- “En el ministerio de asuntos exteriores había un militar que se presentaba como el ‘capitán Seisdedos’ y su tarea era mantener los contactos con los consulados. Le explicábamos que desde Italia nos habían señalado el caso de una persona que tenia problemas. Insistíamos mucho con que la situación se conocía allá, porque lo que les preocupaba era un posible escándalo internacional. Le asegurábamos que era interés de Italia y de los argentinos que le permitieran salir lo antes posible para evitar que la prensa, los partidos, el parlamento y la opinión pública se sensibilizara sobre 'la cosa'. Entonces tomaban los datos del joven y me aseguraba que en cuanto tengan noticias me llamarían. Mientras tanto, nuestros refugiados permanecían escondidos en el consulado. Al cabo de un mes o dos, durante los cuales se vivía una alta tensión psicológica, llegaba la llamada informándonos que el documento estaba listo. Una vez que lo teníamos lo llevábamos directamente a Ezeiza

En tanto, los familiares de personas que habían sido secuestradas, que no obtenían ninguna información oficial por parte de la policía, buscaban a alguien que presentara un habeas corpus. Esta instancia judicial está consagrada en la constitución argentina e implica el derecho de tener información sobre el lugar y la razón de detención de cualquier persona dentro de un número determinado de horas. El diplomático cuenta que “el problema era que no conseguían abogados que lo hicieran. Los pocos que lo habían intentado fueron amenazados e incluso desaparecidos. Entonces, se les ocurría que el consulado podía hacer las presentaciones pero no estábamos organizados para esa tarea.” El autor reconoce que cuando buscaron un profesional desde el consulado tuvieron el mismo problema que los familiares. “Hasta que apareció el doctor Atilio Librandi, inscripto al partido comunista argentino,- recuerda Caramai- Aceptó hacerse cargo de la misión a cambio de un documento en el que el consulado declarara que Librandi actuaba en interés y representación de la institución. Ese documento nunca le fue entregado y a pesar de eso hizo la tarea y le fue muy bien.”

Yo pude actuar porque era parte de una estructura consular que me permitía tener el privilegio enorme de dar un pasaporte y un boleto de avión... y ayudar —prosigue el ex funcionario—. Italia, que tiene en este país una de las comunidades más importantes en el extranjero, había hablado durante años de la madre patria, de raíces que no se cortan, pero al llegar un momento de peligro, como la dictadura de Videla, privilegió las relaciones con los militares en nombre de los intereses económicos.

Durante toda su labor, Erico Calamai asegura no haber sentido miedo. “En esas situaciones no se piensa mucho, el peligro está presente y se percibe, pero la vida sigue como si no existiera. A veces tenía una sensación como de miedo pero aprendí a controlarla. Es algo que uno esconde a si mismo con mucho esfuerzo

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El testimonio de esta nota fue seleccionado de la entrevista realizada en el programa que se emite todos los sábados de 15 a 18 hs por AM 530 “Porque hoy es Sábado”.

 
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